En 2019, el 5G se ha convertido en un campo de batalla en el que países de todo el mundo compiten en la carrera tecnológica, y las farolas inteligentes constituyen una nueva generación de infraestructura de información urbana que incluye puntos de recarga, videovigilancia, monitorización medioambiental, pantallas en las farolas y otros módulos. No solo es fundamental para el avance en la construcción de ciudades inteligentes, sino que también se convertirá en una parte importante de la futura construcción de estaciones base 5G.


En el plan de desarrollo de las ciudades inteligentes, el alumbrado público será el sistema nervioso central para la transmisión de información en la ciudad. Un informe publicado por la Asociación Estadounidense de Comunicaciones Inalámbricas y Redes Internacionales (CTIA) en 2017 señalaba que el alumbrado público urbano será una infraestructura importante en la era del 5G.
Sin embargo, se entiende que la distancia actual entre las farolas urbanas es de unos 20 a 30 metros, mientras que la distancia entre las estaciones base 5G es de unos 100 a 200 metros. En otras palabras, no es necesario equipar cada farola con una estación base, sino que hay que adaptarlo en función de los requisitos de cobertura.
Además, el Gobierno es titular de los derechos de propiedad de los postes de alumbrado público. Cuando se instalan estaciones base en dichos postes, debido al aumento de la intensidad de la corriente, es necesario llevar a cabo proyectos de reorganización del cableado, configuración del sistema eléctrico y otras obras en los postes antiguos. No obstante, también deben tenerse en cuenta aspectos como la capacidad de carga, la resistencia al viento y la estabilidad de la estructura mecánica, entre otros.
Cuando se empiecen a instalar diversos dispositivos de monitorización en los postes de luz, como sistemas de control medioambiental, equipos de monitorización y dispositivos del Internet de las cosas, sin un plan de integración completo, aparecerán todo tipo de “cangrejos ermitaños” adheridos a los postes. ¿Qué sucederá entonces? Tener en cuenta el paisaje urbano también se convertirá en una cuestión importante.
Cabe señalar que el desarrollo de las ciudades inteligentes no requiere necesariamente la tecnología 5G. Aunque las funciones básicas del alumbrado público inteligente actualmente requieren una conexión a Internet —ya sea para el control del tráfico en tiempo real, la vigilancia de la seguridad o la monitorización medioambiental, entre otras—, la tecnología 4G LTE con NB-IoT (Internet de las cosas de banda estrecha) sigue siendo suficiente para su aplicación. En otras palabras, la implantación de las ciudades inteligentes y el 5G no puede darse por sentada. El mayor problema a la hora de implantar el 5G es si se puede mejorar considerablemente la velocidad de transmisión de imágenes. Sin embargo, si resulta difícil encontrar un modelo de negocio adecuado, será complicado recuperar la enorme inversión.
Aunque el mundo exterior está lleno de maravillosas ideas sobre el 5G y las ciudades inteligentes, la realidad es que los fondos y los presupuestos públicos son limitados. Tras una implantación piloto a pequeña escala, si se quiere llevar a cabo una promoción a gran escala y exhaustiva, primero hay que resolver el problema de quién pagará y cómo se recuperarán los costes. Qué tipo de beneficios sustanciales puede aportar la inteligencia urbana y cuánto dinero puede ahorrar el gobierno son también cuestiones a las que nos enfrentamos en esta etapa.
Además, la clave para el avance del 5G reside en la actitud de los operadores de telecomunicaciones. El dilema al que se enfrentan hoy en día los operadores es el siguiente: la penetración del 4G ha alcanzado la saturación y, a medida que se ralentiza el crecimiento de los smartphones, resulta difícil que las llamadas de voz o las tarifas de Internet impulsen el crecimiento de los ingresos. El efecto del 5G provocará una nueva ola de renovación de teléfonos. Las tendencias y la demanda de aplicaciones se consideran «remedios específicos» para el mercado, pero los fondos de inversión en el 5G son enormes y el plazo de amortización en el futuro es impredecible. Una vez completada la infraestructura, aún no está claro qué modelo de negocio se utilizará para obtener beneficios.
Las ciudades inteligentes no pueden ser meros castillos en el aire ni limitarse a escenarios de prueba a pequeña escala. Las ventajas que aportan el 5G en materia de redes inteligentes y transformación urbana son evidentes y previsibles. Sin embargo, la transformación de las farolas inteligentes debe resolver primero el problema de las infraestructuras, que supone un cambio de era. Al mismo tiempo, también debe ir acompañada de la tecnología 5G y de un entorno de explotación comercial maduro para obtener una rentabilidad generosa.
- iot-es11 de septiembre de 2026
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